Trasplante de pulmón para la fibrosis quística
El trasplante de pulmón es una opción para las personas que tienen problemas pulmonares graves causados por la fibrosis quística. La cirugía extirpa los pulmones enfermos y los sustituye por pulmones sanos de un donante fallecido recientemente.
Qué esperar
Tras la cirugía de trasplante de pulmón, le atenderán en la unidad de cuidados intensivos (UCI). Se le conectará a un respirador hasta que sea capaz de respirar por sí mismo. Esto puede durar desde unas horas hasta unos días.
Es probable que tenga que permanecer en el hospital entre 2 y 3 semanas después del trasplante.
Tendrá que tomar antibióticos y medicamentos para inhibir el sistema inmunitario. Esto aumentará las posibilidades de que su cuerpo acepte los nuevos pulmones.
Por qué se hace
Algunas personas que tienen daño pulmonar grave como resultado de la fibrosis quística podrían hacerse un trasplante de pulmón. Las personas con enfermedad leve o moderada generalmente no se hacen un trasplante porque los riesgos son mayores que los beneficios.
Cuál es su eficacia
Varias pruebas pueden servirles a usted y al médico para saber hasta qué punto podría funcionar un trasplante de pulmón. Estas pruebas incluyen pruebas funcionales respiratorias, gasometría arterial y capacidad de ejercicio.
Un trasplante de pulmón puede dar a una persona con daños pulmonares graves por fibrosis quística más posibilidades de sobrevivir. Puede ayudarla a sentirse mejor y a tener más energía. Y puede permitirle trabajar, volver a estudiar o alcanzar otros objetivos personales.
Riesgos
Los principales riesgos del trasplante de pulmón son los problemas durante la cirugía y el rechazo de los órganos donados. La infección y el rechazo de los órganos trasplantados presentan síntomas similares, como fiebre, cansancio y dificultad para respirar.
Tras un trasplante de pulmón, el tratamiento antibiótico preventivo comienza de inmediato. También tomará medicamentos inmunosupresores, normalmente durante el resto de su vida. Aunque los medicamentos inmunosupresores aumentan las posibilidades de que el cuerpo acepte los nuevos pulmones, también dificultan que el cuerpo combata las infecciones.